martes, 13 de febrero de 2018

6 lugares que nos enamoraron de la Costa Amalfitana


    Recuerdo un día en el que soñamos con miles de colores. Con colores imposibles dibujados en el mar, en el cielo, en las paredes de las casas de un pueblo enclavado en la ladera de una montaña. Ilusos al pensar que aquellos colores no existían, que tan solo eran un precioso sueño. Al recorrer la Costa Amalfitana nos dimos cuenta de que no hay colores imposibles, de que ni en el mejor de los sueños podríamos pintar las tonalidades que descubrimos en sus pueblos, en su mar, en su cielo. La Costa Amalfitana se encuentra en el sur de Italia, acompañada por las hermosas vistas del Mar Tirreno y conquistada por pequeñas joyas coloridas en forma de pueblos. Todo ello nos hace comprender por qué fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1997. Hoy te proponemos un viaje en coche por la Costa Amalfitana descubriendo 6 de sus lugares más bonitos.


Salerno, nuestro punto de partida


   La segunda ciudad más grande de la región de Campania después de la caótica Nápoles es un perfecto punto de partida para visitar la Costa Amalfitana. De hecho, muchos viajeros la utilizan de base para lanzarse a descubrir los pueblos que adornan esta costa bañada por el Golfo de Salerno. Pero, a pesar de ser una ciudad grande, a nosotros nos encantó pasear por su casco histórico. En él, destaca el Duomo de Salerno, una catedral románica que data del siglo XI y donde se pueden observar elementos barrocos de una posterior renovación. En su interior, luce espectacular un atrio vigilado desde las alturas por un campanario donde destacan los elementos árabes. Si se tiene tiempo, también merece la pena hacer una visita a la cripta.




Ravello


    No tenemos ninguna duda cuando decimos que Ravello es el pueblo más bonito de la Costa Amalfitana y está entre los primeros de la lista de nuestra "Ruta de 10 días por el Sur de Italia". Nos esperaba de noche, vestido con pequeñas luces que daban a sus calles un aire mágico que nos conquistó. Ya por la mañana, el sol se apresuraba a salir para empezar a pintar las calles con nuevos colores que la luna nos ocultó la noche anterior.


   Tuvimos la suerte de despertar en el Hotel Parsifal, un antiguo monasterio del año 1288 reconvertido en un lugar de descanso y tranquilidad en pleno centro de Ravello. Nada más entrar en el edificio, un espectacular claustro nos da la bienvenida y nos hace pararnos a admirar las vistas de la costa que desde allí tenemos. Y es que, aunque no te alojes en él, te recomendamos que entres a conocerlo y que disfrutes de su tranquilidad. Y si te conviertes en huésped de este increíble lugar, podrás disfrutar de un delicioso desayuno con unas vistas que jamás olvidarás. 


     Ya en las calles de Ravello, seguimos recorriendo lugares preciosos como su Catedral, construida en el siglo XI y situada en una plaza muy animada. Mientras seguimos caminando, merece la pena ir asomándose a los patios y jardines que se asoman al Mar Tirreno. En muchos de ellos, encuentras miradores impresionantes.





Pero si hay un sitio que nos emocionó en Ravello, ése fue la Villa Cimbrone. una preciosa mansión que tiene su origen en el siglo XI. Merece la pena recorrerla con calma, admirando cada uno de los detalles que tiene y saboreando todos los colores, formas y texturas que te ofrece.



    Ya a principios del siglo XX, Ernest William Beckett compró la villa y realizó una importante remodelación en los jardines, donde mezcló estilos como el gótico, el árabe o el veneciano. Hoy, además de ser un hotel de lujo, es un lugar donde la noción del tiempo deja de existir cuando paseas y te dejas remover por su belleza. Tan bonito es, que Gore Vidal - un escritor americano - escribió sobre este lugar diciendo que era "el lugar más bonito que he podido ver en mis viajes".



   Y cuando menos te lo esperas, aparece el lugar más famoso de la villa, la Terraza del Infinito, un espacio donde el término belvedere cobra especial significado. Esta palabra de origen italiano se refiere a un tipo de estructura arquitectónica que pretende aprovechar al máximo las vistas que existen desde un determinado lugar. De hecho, belvedere significa literalmente "buena vista". Y os podemos asegurar, que las vistas desde este mirador son absolutamente impresionantes.


Horario de apertura: desde las 9:00 hasta la puesta de sol.
Precio: 7€ adultos / 5€ niños.

Atrani


   Atrani es una sorpresa que aparece cuando menos te lo esperas, cuando la carretera absorbe toda tu concentración ante las continuas curvas que te propone. Un pequeño pueblo - concretamente el segundo más pequeño de toda Italia - aparece ante tus ojos, donde destaca su bonita iglesia. Seguramente sea una de las iglesias más envidiadas del mundo por sus privilegiadas vistas.


Amalfi


     Continuamos por la misma carretera hasta llegar al siguiente punto, el pueblo que da nombre a la costa: Amalfi. Es, quizá, el pueblo más famoso y turístico de la zona y razones no le faltan para serlo. En su historia figuró como la capital de la que fue la República Marítima Amalfitana, un estado independiente formado en el Siglo X y que dominó, junto a otras cuatro repúblicas, el comercio del Mar Mediterráneo. Merece la pena pasear por sus estrechas callejuelas y admirar la impactante y preciosa arquitectura de su catedral.


Tip lowcostero: Aparcar en las calles de Amalfi es tarea imposible, así que os recomendamos que metáis el coche directamente en uno de sus parkings subterráneos. Ahorraréis tiempo y enfado.

Fiordo di Furore


    Escondido entre dos paredes verticales, se encuentra el Fiordo di Furore, donde el mar entra hasta una pequeña playa bañada por aguas de color turquesa. Es casi imposible resistir la tentación de pegarte un baño así que, antes de bajar las escaleras que llevan a la playa, acuérdate de ponerte el bañador si el tiempo y la temperatura del agua acompañan. Y ojo, si no estás atento, puedes pasártelo de largo. Cuando tras pasar un puente, veas coches aparcados a ambos lados de la carretera, ahí tienes la señal para saber que has llegado.



Positano


   Seguimos avanzando por la Costa Amalfitana para llegar hasta Positano, un precioso pueblo que se asoma al Mar Tirreno desde sus coloridas casas enclavadas en la ladera de un acantilado. Desde lo alto, las vistas de la iglesia de Sana María con el azul del mar de fondo son impagables. Y cuando callejeas, comienzas a notar el olor de los limoneros, el perfume natural de esta parte de Italia.



Cómo moverse por la Costa Amalfitana


En coche propio: Sin duda, es la mejor opción ya que te permite mucha libertad a la hora de realizar paradas o de acceder a sitios más escondidos. Pero cuidado con la carretera ya que tiene muchas curvas y es bastante estrecha. Si podéis evitar conducir de noche, mejor que mejor. En temporada alta es complicado encontrar aparcamiento público de forma fácil, así que la mejor opción es que lo dejéis en cualquiera de los parkings privados que suele haber por los pueblos.

En moto: ¿Puede haber algo más italiano que recorrer la Costa Amalfitana en una Vespa? Hay varias empresas en los alrededores que te alquilan motos para que vayas a tu aire sobre dos ruedas. Nosotros vimos bastantes y nos pareció muy buena idea siempre y cuando sepas conducirlas bien ya que las curvas pueden jugarte una mala pasada.


 En autobús: Si no tienes opción de alquilar un coche o una moto, siempre puedes tomar los autobuses que hacen la ruta desde Salerno a Sorrento, realizando multitud de paradas por el camino en los pueblos o puntos más importantes de la costa. Eso sí, debido al intenso tráfico, los autobuses no suelen ser puntuales. Puedes consultar los horarios y paradas en este enlace.

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